lunes, 30 de enero de 2012

Los glamourosos años 60 de Kevin Dart

El artista norteamericano Kevin Dart decidió dedicarse a la ilustración cuando en unas vacaciones descubrió una pila de viejas revistas LIFE de los años sesenta en casa de sus padres: "Recuerdo sentir que no había nadie que pudiera compararse con los antiguos ilustradores de esas revistas. Después de eso, empecé a investigar y estudiar más ilustradores clásicos hasta que se convirtió en un completa obsesión".

Este amor por la estética más glamourosa de los años sesenta se desprende de muchos de sus trabajos. Por ejemplo, en este estupendo anuncio para la firma de gafas Persol, codirigido con Stéphane Coëdel.




Tras un paso por Nintendo, Kevin Dart dejó los videojuegos por la animación, con trabajos en Disney, Pixar y Cartoon Network. Entre sus trabajos se cuenta además un anuncio para la promoción de las Olimpiadas de Londres 2012 en la BBC o carteles para la gira del grupo No Doubt.


miércoles, 18 de enero de 2012

Con la deuda no se juega: Egipto 1882

(Entrada publicada originalmente en Un café con Clío.)

 
Hoy quiero contaros una historia en la que el responsable de hundir la economía deja su cargo, y no solo sale indemne sino que además se lleva una buena indemnización, en que unos países acaban dictando la política de otro en nombre del déficit y en la que ciudadanos hartos de sufrir las consecuencias de una crisis de la que no son responsables protestan pidiendo más democracia. ¿La Europa de nuestro tiempo? No. Egipto a finales del siglo XIX. Para que luego digan que la historia no se repite.


El sueño de Ismail

Ismail Pacha
Ismail Pachá. Autor desconocido.

Desde 1863 gobernaba Egipto Ismail Pachá, nieto de Mehmet Alí, un soldado albanés albanés que había sabido maniobrar para hacerse con el poder en los convulsos tiempos que siguieron a la retirada del ejército napoleónico. Mehmet había convertido a Egipto en una potencia local, que seguía bajo soberanía turca solo nominalmente.

Ismail había continuado y acelerado el programa de reformas de su abuelo,  con el objetivo de poner a Egipto al nivel de las países europeos: "No somos un país de África, sino un país de Europa", decía. Al mismo tiempo extendía sus fronteras hacia el sur, con el sueño de construir un nuevo imperio egipcio que se extendiese a lo largo del Nilo, desde el nacimiento hasta su desembocadura.

Pero todo esto costaba dinero. Mucho. E Ismail, aunque culto y trabajador (pasaba todos los días entre ocho y doce horas diarias en su despacho dedicado a los asuntos de estado), tenía un importante defecto: no entendía nada de economía. Y otro aún mayor: elegía para representarle a personas aún más incapaces (o corruptas).


sábado, 7 de enero de 2012

Indefensión aprendida

Hace unos días visitaba el blog Trafegando ronseis cuando me encontré con este vídeo. En él lo que parece una profesora induce en algunos de sus alumnos una indefensión aprendida. ¿Y qué es eso, os preguntaréis? Justamente eso mismo hice yo, me puse a buscar por la red y, casualidades de la vida, ese mismo día coincidí con una médica y le pregunté al respecto. Pero mejor veis primero el vídeo:


Curioso, ¿verdad? Al menos así me lo pareció a mí. Y como curioso y curiosidad comparten la misma raíz, pues ahí que me lancé a buscar por la red qué era eso de la indefensión aprendida. En la Wikipedia hispana no había nada, pero sí cuenta con un artículo en la inglesa. Aunque si no queréis leer en inglés, en la primera página de búsqueda en Google se encuentran estas notas y esta entrada que dicen más o menos lo mismo, aunque yo me he guiado por Wikipedia para escribir esto.

Resumiendo, la indefensión aprendida surge cuando estamos sometidos a una situación incómoda o dolorosa ante la que nos parece que no podemos hacer nada. Como es inútil luchar dejamos de hacerlo, y aunque más adelante nos surja la ocasión de cambiar las cosas ya no nos molestamos en intentarlo, hemos asumido que así es como son las cosas.

martes, 3 de enero de 2012

Un café con Clío

Hace un tiempo os comenté que estaba repensando el blog. Fruto de esas cabilaciones fue que los cortometrajes se independizaran de La canción y surgiese Los jueves, corto. Ahora es otro pedacito el que deja el barco. Uno que, aunque tenía bastante descuidado, no dejaba de ser una de las razones por las que había empezado el blog.

Hoy ha comenzado su andadura Un café con Clío, un blog de Historia que, como dice en su primera entrada:
"quiere ser una recopilación informal de los acontecimientos o personajes que más me han llamado la atención en mi lecturas históricas, dejando también espacio de cuando en cuando para la mitología. Todo a un nivel sencillo, como se podría contar en una charla de café en la que una silla estuviera reservada a la musa de la Historia."

Estáis todos invitados. Espero que os guste.




Celestino V, el Papa que renunció

De entre la larga lista de nombres que han ocupado la silla de San Pedro, uno de los que cuenta con una historia más curiosa es Celestino V. Ocupó el cargo durante sólo cinco meses en el año 1296 y ha sido uno de los pocos (hay quien dice que el único) papas en renunciar a su puesto por propia voluntad; un puesto al que nunca aspiró y que no hizo mas que traerle desgracias.

Antes de conocer su historia debemos ponernos en antecedentes. Durante gran parte de su existencia el papado unió bajo su mitra dos aspectos bien distintos: uno espiritual y otro eminentemente mundano como era ser la cabeza de los Estados Papales. Durante siglos los Papas fueron uno más entre los actores que conspiraban y guerreaban entre sí por la hegemonía de la península italiana, una de las zonas más agitadas de la Edad Media.

En los años previos a la entronización de Celestino V el asunto más candente en la zona era la lucha que llevaba a cabo la Casa de Anjou, de procedencia francesa y que reinaba en Nápoles, contra la Corona de Aragón a cuenta de la isla de Sicilia. Este enfrentamiento tenía su reflejo directo en el cónclave que había de elegir al nuevo Papa, dividido entre pro-franceses y pro-aragoneses, ninguno con los votos suficientes para imponer a uno de sus candidatos.

Así fue pasando el tiempo, hasta que tras dos años separarse y volverse a reunir, los cardenales aún no habían sido capaces de elegir un nuevo Papa. Las presiones para que tomaran una decisión fueron incrementándose hasta que finalmente optaron por el comportamiento habitual de la curia en estos casos: si no podemos ponernos de acuerdo, optemos por alguien de fuera.